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Los fundamentos invisibles de mi arte

Hoy me doy cuenta plenamente de los fundamentos que he adquirido desde niña.

Mi atención al detalle, mi cuidado por lo que me rodeaba, mi constante deseo de inventar, imaginar o crear —ya fuera un juego o un gesto relacionado con la vida cotidiana— eran ya, sin darme cuenta, el terreno fértil en el que nacía mi lenguaje artístico.

Luego vino la escuela de arte, con sus enseñanzas técnicas y prácticas, que absorbí y con el tiempo hice mías, hasta el punto de transmitirlas a otros.

Todo este viaje se desarrolló de forma natural dentro de mí: sin peso, sin esfuerzo y sin esfuerzo aparente.

Hoy lo veo con claridad: cada marca, cada color, cada gesto en el lienzo lleva consigo ese legado. Un conocimiento forjado con pasión, asimilado casi sin darme cuenta, y que ahora reconozco como el corazón sólido y vivo de mi investigación artística.

 
 
 

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