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El arte de la observación

Hoy me espera una reunión especial: sacaré mis lápices y mi cuaderno de dibujo, iré al parque, para dedicarme a dibujar del natural .

Dibujar inmerso en la naturaleza significa reducir la velocidad, detenerse a observar con atención lo que nos rodea: un árbol, una hoja, un reflejo de luz en el agua o el contorno de una planta.

Cada detalle se vuelve precioso, porque es precisamente del acto de mirar que surge la capacidad de capturar y transformar. Un simple boceto en papel, un borrador rápido, puede convertirse en la semilla de una obra mayor: una pintura, un lienzo que contiene no solo la imagen, sino también la experiencia de ese momento vivido.

El dibujo del natural es un ejercicio de presencia: es una manera de aprender a escuchar la naturaleza, de dejarme guiar por sus formas, sus ritmos y su armonía.

Cada trazo se convierte así en un diálogo silencioso con lo que veo, pero también conmigo mismo.

Dibujar al aire libre no es sólo una práctica artística, también es una manera de redescubrir la lentitud y la atención, cualidades que a menudo olvidamos en la vida cotidiana.

 
 
 

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